Este blog intentará mostrar la realidad en la que nos vemos inmersos todos los días, de una manera absurda, irónica y casi casi surrealista.
Raquel Bella: verano de los años ’20 – invierno de 2011.
Harta de las frases hechas: “Es la ley de la vida”, “Ella vivió su vida”, “Se fue tranquila”, me puse a pensar que, tal vez,l o que más importa en estos casos no es sólo la vida que se va ,sino la parte de nuestra vida que se va con ellos. Y mi Bella se llevó detrás de los párpados, atrapados en el celeste de esos ojos que alguien le había robado al cielo, algunos de mis más hermosos recuerdos.
Porque mientras dormías, Bella mía, mientras te hablaba para traerte de vuelta, mientras te prometía tardes de películas viejas y helado de chocolate, mientras te leía Orgullo y prejuicio como quien recita el culebrón venezolano más lacrimógeno, me encontré a mí misma en tus sueños.
Mientras estabas tejiendo quién sabe qué historias por ahí, Bella durmiente, tuve tiempo de recordar momento a momento todo lo importante que había sido tu paso por mi vida y me dio tanta bronca que te me apagaras entre las manos sin haber podido conseguir el elixir mágico de la vida eterna; me dio rabia el paso del tiempo, odié las horas y aborrecí el reloj, maldije una y mil veces la cantidad indiscriminada de segundos apurados que tienen los minutos. Quise correr hacia atrás, despertarme chiquitita para no perderme las películas de cine argentino viejo que daban en canal 11, de dos a cuatro de la tarde y que veíamos cuando yo llegaba del colegio, mientras me preparabas la merienda con manteca y tostadas…Pero no se puede; el tiempo sólo retrocede si uno recuerda (eso lo entendí hace poco), por eso mientras te miraba dormir, al ritmo aleatorio de tu respiración fui armando un hermoso tejido de recuerdos nuestros, Bella.
Seguramente estarás riéndote con esa risa clara y buena porque pensás que te estoy jodiendo. Claro, justo yo, que no sé dar una puntada, ¿haciendo un tejido?… Es cierto, mirándolo así, parece una joda, pero no.
Te digo que en estos días, mientras velaba tu sueño pude tejer recuerdos y sin darte cuenta, vos me enseñaste el punto y las agujas que debía usar.
Me quedó hermoso… mirá:
Los bordados de mi cuna a lunares se entrelazaron armando un preciso punto Santa Clara con el pulóver rojo que tengo en esa foto en el parque cuando tenía un año; apareció mi nombre en punto cadenita en la pechera azul del pintor del jardín que se enlazó en punto jersey con esos tapices que me hacían bordar las maestras para el día de la madre y que siempre hacías vos porque yo no lograba dar una puntada prolija; haciendo un ocho en punto arroz en la parte del frente de mi tejido aparece mi vestido “progre” cuando cumplí los quince y en uno de los ochos está la discusión con mamá por los colores negro y verde de la falda. Punto cruz y el cruce de caminos que me trajo Luz a mi vida y otra vez el Santa Clara haciendo escarpines y ositos para cuidar a tu primera bisnieta. Jersey otra vez en cada bufanda del invierno ese en el que conociste la nieve en la puerta de casa. Otro ocho para las tardes de cine en vacaciones o las caminatas por la playa en el verano y más santa clara y más punto arroz para los consejitos de vida, la sonrisa cómplice y el amor de toda la vida.
¿Viste que pude, Bella? Ahora no me para nadie. Ya sé que puedo tejer con palabras, que es lo único que manejo y no me frenan en esto de tejer recuerdos que te acerquen desde donde estés.
Espero que allá consigas la lana que te guste y si no, avisás y mandamos una encomienda con alguna gaviota intrépida. No dejes de tejer ahí arriba, Bella, que yo acá abajo entre lágrima y risa voy a seguir recordando y tejiendo sueños con el punto que mejor te salía: el punto paciencia.
Agradecida por tu vida, abu, y por haber sido parte de ella, voy a seguir practicando hasta bordar recuerdos en el cielo para que los veas y estés orgullosa de mí.
Te amo, Bella durmiente,
N.
Noviembre de 1949 – Abril de 2011
Ayer a la mañana, temprano y a los apurones se me fue mi viejo. Cabrón, discutidor empedernido, debe haber jugado a todo o nada con la Parca y cuando vio que no ganaba, buscó el empate: “Me voy porque quiero” le debe haber dicho cuando se dio cuenta de que no podía ganarle la jugada... me parece escucharlo.
El loco, el del chiste siempre en la boca, el tipo terco que es mi padre no midió las consecuencias de ese entredicho con la Muerte y cuando el aire de esta tierra no le fue suficiente, se fue a buscar otras geografías más propicias al suspiro que no encontraba por acá.
Apasionado como es, vivió a pleno y se fue casi sin saludar; así, ilógicamente, absurdamente, demasiado pronto. Me hubiera gustado escuchar las poesías de Almafuerte en su voz un ratito más, hubiera querido otro beso o escuchar el “Naaaaaa” cuando le abría la puerta.
¡Qué apurada vive la gente, carajo!
Me hubieras avisado, viejo, que ibas a irte tan rápido así me tomaba unos mates lavados con vos justo ahí, en la puerta de la vida y nos despedíamos como Dios manda, che; pero si ni tiempo para un cortado tuvimos.
Contradictorio hasta la médula, ¿justo ahora se te ocurre ser coherente y morirte con la misma intensidad con la que viviste? No, viejo, no, si esto hasta parece uno de tus eternos malos chistes.
Te fuiste a lo loco y rápido, pa, pero no pasaste desapercibido. En el camino te olvidaste algunas cosas que (si me permitís) me voy a guardar junto con tu reloj (que es muy lindo por cierto y que no pienso quitarme). Peleador de utopías, me dejaste a un tiempo la torpeza y la palabra, el olvido colosal y la maldita memoria; te olvidaste en mí la forma de los ojos y la ironía, la melancolía alegre y un amor inmenso aunque a veces me sacaras de quicio; pero especialmente, nos dejaste la certeza de que nos amás como se aman los hijos: para siempre, desde siempre, como sea y donde sea y eso de algún modo, tranquiliza.
Dicen que el vapor de nubes es muy bueno para los bronquios así que estoy segura de que allá estás respirando mucho mejor. Pedile a la abuela que te haga el budín inglés que le sale tan rico y no discutas con el angelito del catering (al pibe lo mandan y encima ni siquiera tiene bolsillos para las monedas). Conseguite una guinda y armate una tocata una tarde de estas (si empiezan a escucharse truenos les vamos a decir a los nenes que el abuelo Charly hizo un try en el cielo)
Te voy a extrañar todos los días de mi vida y cada vez que me acuerde de vos, voy a llorar a carcajadas.
Te amo, paaaaa.
Naaaaaaaaaa
Para que Camila y Lula dejen de molestarme por Facebook. Las quiero igual (como dice Calamaro)
Lejos de querer evangelizar a los estrógenos del mundo, en la Cofradía necesitamos simplemente alertar a nuestras dilectas integrantes para que no caigan en los rectangulares límites del sofá, sillón hamaca, tatami o el viejo y nunca bien ponderado almohadón y se conviertan en la amiga con el corazón repleto de cuadraditos naranjas y amarillos de goma espuma barata que los hombres buscan para recostarse un rato a dormir la mona.
Los seres humanos buscamos siempre la comodidad perfecta. Como los perros, podemos dar vueltas y vueltas en la cama hasta que la almohada quede justo a esa altura del cuello en la que la cabeza parece flotar y ni los aros gigantes, que no nos sacamos después de la fiesta, se sienten; podemos probar todos los sillones de la casa como en un cuento de hadas abrazando un balde de pochochos (dice la Buena Pipa que agregue que a ella le gustan más los pochoclos salados aunque a mí me parezca una aclaración egocéntrica y poco ilustrativa) para mirar esa película que vimos por cable 20 veces; porque el viejo y querido sofá es capaz de esperarnos, contenernos, darnos asilo durante horas y después volver a su posición normal como si jamás hubiésemos estado allí baldeándolo a lágrima limpia.
El sofá, el sillón, el paralelepípedo almohadón es como esos ceniceros de crealina que todos alguna vez hemos moldeado en las tardes ociosas de las vacaciones de invierno para quedar bien con mamá o papá: se caía al suelo, se aplastaba pero bastaban unas manos mágicas pequeñas para que recuperara su pobre biografía de cenicero, condenado a romperse antes que el florero verde que la tía abuela de la abuela le dejó como única herencia a mamá.
Hablemos entonces de la Mujer Sofá, amigas de la Cofradía, pongamos en caja este asunto ante de que empiece a buscar desesperada aquel cenicero de arcilla que mamá nunca usó, sencillamente porque no fuma.
(Al parecer las olas de calor ponen a la redactora de blog nostálgica, ¿será que alguna vez suspiró goma espuma?, ¿tendrá el corazón con restos de plumas de ganso… o de gansa en las aurículas? Supongo que al finalizar la entrada, ustedes podrán sacar sus propias conclusiones)
Situación 1:
Un hombre puede recostarse sobre la espalda o la falda de una mujer sofá y deshojar una y mil veces los jazmines del florero llorando por aquella turra que lo dejó solo y en la lona o simplemente cambió de lona con el vecino del 4to. D y él no lo asume. Mientras dure el llanto y los hipos, la Mujer Sofá va a permanecer impertérrita acariciando la cabeza del boludazo hasta que se calme y le cuente su historia triste cien veces, interrumpiéndose otras cien para preguntarse/le: “¿Qué hice mal, che, qué?”; y la Mujer Sofá no va a responder más que con evasivas del estilo: “No te merece, ¿te preparo un té verde?”, porque sabe que ante la primera verdad que diga va a quedarse sola en el sillón del living mientras la pava silba avisando que ya pueden servirse el té verde. Por eso se va a quedar ahí, como cualquier otro mueble, tratando de hacer sentir cómodo al amigo con derecho a roce que siempre siempre siempre, es de otra.
Situación 2:
La Mujer Sofá, que no sabe que tiene destino de almohadón, sale el domingo de tarde; está harta de ver películas de Sandro por canal Volver; sabe que es momento de salir de las garras del sillón y enfrentarse al mundo, masticar el aire (no es una metáfora: está a dieta y tiene dos opciones, mastica chicle o aire), escaparse de la rutina de otro fin de semana aburrido. Está decidida, mañana va a tener algo para contar en el trabajo para que la secretaria del gerente no la mire como mira uno a los perros que regalan en la calle. Sale a caminar por el parque sorteando caca de perro y nenes en rollers. De pronto siente que la llaman. Moira, fatum, destino, sino, hado… llámenlo como se les antoje pero ahí está, esperándola entre cadáveres de pirulines y chicles aplastados; viene desde muy lejos, lo recuerda, ella lo recuerda: primera fila al medio, el pelo revuelto y los walkman con un cassette de “Pescado Rabioso”. Es él, su amor de la secundaria, ése que jamás le dio bola y al que le escuchó todas las horas libres de 5to. Año sufrir por Karina, la blonda del tercer banco; justo ése la reconoció y la llama por su nombre (no por el apellido).
Ella se da vuelta, porque la memoria de las Mujeres Sofá es selectiva: eligen recordar que fueron amigas y no sillones hamaca; le sonríe y ooootra vez el cuento de la Buena Pipa. En minutos se encuentra escuchando sobre el banco de una plaza cómo la yegua de su ex no le deja ver a los nenes y le pide una cuota alimentaria sideral y sale con el que atiende el mostrador en el gimnasio que él paga. Poco a poco los brazos se le transforman en apoyabrazos, la espalda en un respaldo y las piernas en un par de almohadones mullidos y confortables y él le dice que se siente tan cómodo hablando con ella, sencillamente porque ella no habla, él conversa consigo mismo y cree que ella mete un bocadillo de vez en vez.
La tarde cae y mientras camina (sola, obviamente) a su casa piensa que mañana tendrá algo para contar en la oficina, agregándole algunos detalles aquí y pinceladas allá que no la hagan ver como “lope” (lotuda que es).
Existen muchas maneras de detectar una Mujer Sofá, aquí hemos desarrollado sólo dos para no aburrir a los lectores de este blog (los que queden); pueden variar los escenarios, las luces y la música de fondo; puede ser el VIP de algún bar, la fiesta de alguna amiga que está festejando en la pileta mientras nosotras en el sillón consolamos al Fulano que se tomó hasta el agua de la ducha para ahogar las penas que le ha causado…otra.
Basta de goma espuma, de vidas rellenas de mijo o alpiste. Basta de recibir nabos en crisis que no pueden con su alma. Si se deprimieron, que le paguen al analista para recostarse en su sofá; de ahora en más, ustedes sean banquitos de madera: se sienta el que quiera, se aguanta engancharse el jean en los clavitos de la madera y cebe mate como Dios manda.
Consejo ovárico:
Seas quien seas, dilecta esclava del estrógeno: menos sillón y más hamaca paraguaya, menos sofá y más sofá cama o futón, da igual. En definitiva (vaya cita de autoridad la que viene) como dice la filosofía Axe:
¡Menos amiga y más mujer!
Continuaremos con esta campaña para alertar progesteronas con la autoestima barrida.
Nos vemos.
(dice LBP que le parece que la redactora del blog ha sido sofá y no lo admite, pero La Buena Pipa no es buena, así que vamos a echar un manto de olvido sobre el tema)
Porque detrás de eso una siempre cae en el tiempo parejo. Si ahora ella estuviera realmente entrando en el puente, sé que lo sentiría ya mismo y desde aquí.
(Julio Cortázar, “Lejana”)
Los hay fashion, como el de Brooklyn, el Golden Gate de San Francisco o los siete que adornan al Sena en París; los hay literarios como el que cruzaron una única vez Alina Reyes y la Lejana; hay otros de película, como los de Madison (amigas, nunca más pude ver la lluvia sin imaginarme a Clint Eastwood esperando a Merryl Streep del otro lado de la calle: IM PER DI BLE); y también los hay más prosaicos y propensos a piquetes como el Pueyrredón, el Avellaneda, el de la Noria, el Alsina y otros tantos que habremos cruzado sin darnos cuenta. Porque los puentes son los eternos ignorados del paisaje, uno siempre mira del otro lado o hacia atrás pero pocas (contadas veces) mira el puente que está pisando para llegar al lugar al que quiere llegar.
Lo cierto es que todos los puentes cumplen la misma función: se dejan transitar para sortear ríos, riachos, ciénagas oscuras o embotellamientos infernales. Necesitamos los puentes y no hay otra. Es más, merecerían una Oda (si Neruda le hizo una Oda a la Sandía, nosotras bien podríamos eternizar nuestros puentes en un hermoso y ovárico canto coral), pero no quiero irme de mambo justo ahora que la Buena Pipa está con el boludólogo haciendo el balance anual de estupideces y me dejó sola con la computadora y los mosquitos.
Sigo… Supongo que estarán pensando a qué vino todo esto de los puentes; hay una razón, todavía no enloquecí. Lo que ocurre es que en estas últimas semanas nuevos miembros se han incorporado a la Cofradía y, luego de comunicarse con nuestras líneas rotativas 0800 – AGUANTALOQUEHAYPOCOS, han compartido con nosotras sus experiencias. Lejos de sorprenderme ante los relatos que escuchaba, comencé a buscar patrones de conducta en estas ováricas víctimas de la testosterona que me han llevado a catalogar algunos arquetipos de mujer que iremos conociendo en las próximas semanas. Hoy vamos a tratar de entender el modus opernadi de la MUJER PUENTE.
Las mujeres puente son muy requeridas por la platea masculina, pero casi nunca llegan con ellos al altar (si lo hacen es, como decía La niñera: “siempre como la dama de honor, nunca la novia”), es más, algunas ni siquiera llegan a la esquina, pero ése es otro tema que trataremos más adelante. Les decía que este tipo de mujeres son muy buscadas por los hombres, particularmente por los hombres que están en crisis, que acaban de salir de una crisis o que van camino a una crisis porque su característica esencial las hace proclives a sostener, llevar, aguantar y conectar ...a otros. Como los puentes, su estructura interna está repleta de hormigón y acero, ideales para sostener cualquier peso y por fuera tienen la belleza de lo simple, lo sencillo; son rectas, sin vueltas. Tienen un solo problema: los hombres las cruzan y se quedan en la otra orilla con la bruja que los puso a parir o con la que ya les anudó la soga al cuello. ¿Y el puente? Bien, gracias, seguí participando.
Pero… ¿Cómo puede una detectar si es, fue o está encaminada para ser una mujer puente?
En la Cofradía hemos diseñado un test rápido y eficiente para alertar a las progesteronas descarriadas que consta de una serie de diez preguntas; si responde de manera afirmativa a más de cinco de esas preguntas, lo lamentamos pero es ud. una mujer puente: huya antes de que el nabo que la corteja la cruce buscando a otra.
Presten atención, amigas de la Cofradía, no sea cosa que alguna sea una mujer puente y ustedes tan campantes en su microclima de chocolates con forma de corazón y mensajes de texto de madrugada: “cortá vos; no, cortá vos; bueno pero mañana te toca a vos, ¿eh?”
( DEJA VÚ, ¿NO? No se preocupen, no son las únicas)
TEST PARA DETECTAR MUJERES PUENTE:
Si llegó al 2: está a tiempo; si, en cambio, llegó al 4: ¡Corra!; si pasó el 5: haga terapia, cómprese un pasaje a Katmandú o písele el dedo chiquito con el Paruolo taco aguja de animal print, pero HUYA.
Todas, en algún momento hemos tenido algo de puente. Todas hemos sido esa mujer de transición que llevó al muy idiota de la antigua ex a la futura ex. Todas fuimos las mujeres perfectas para todos menos para él. Todas hemos sido aquella a la que no eligieron por ser demasiado buena o demasiado linda o (en el peor de los casos) demasiado inteligente. A todas nos han transitado para llegar a otro lado. Pero hay algo muy cierto que pude comprobar en esta investigación:
Sólo algunas mujeres puente deciden cortar los cables y cruzar el río a nado.
A ellas nuestro tributo.
La estupidez y la incoherencia guardan entre sí, la relación causa –consecuencia. Si un estúpido (fértil como todo imbécil) propaga la peste, los efectos no tardan en verse a partir de actos absolutamente incoherentes que se manifiestan con rapidez pese a los paliativos que puedan brindarse al infectado en el período de incubación. El problema de base es que el E-I (Estupidez – Incoherencia) es un retrovirus, es decir que no sólo afecta las células que infecta sino que las modifica y es prácticamente imposible erradicarlo. Una vez que alguien presenta la sintomatología del estúpido e incoherente, no hay retorno y termina transmitiéndose en el código genético nomás…
La Paranoia sabe que no existe nadie como la Buena Pipa para esparcir la estupidez, la apatía y la mala educación y eternizarlas en una rueda tóxica y malsana. Por eso está siempre atenta y cuando sabe que hay una pandemia en puerta, la llama para que los apáticos, los mal educados y los estúpidos salgan al mundo a evangelizar con su peste a aquellos imprudentes que han salido a la calle sin barbijo en el cerebro y sin alcohol en gel en la conciencia…
Nos vemos cualquier día de estos... estén atentos. (Dice la redactora del Blog que no le va a durar mucho la seriedad con la que nos sopapeó en este envío, que no la extrañen...)
6-Nuestros ex serían viejos y querrían levantarnos a toda costa pero a nosotros no nos moverían un condenado pelo… ¡¡¡¡¡¡Ayayayayayayayayayayayay!!!!!! ¡No me digan que no están saboreando esto como yo! Sólo imaginen la cara nuestra diciéndoles: “No sos vos, soy yo… buscate uno de tu edad”… EDÉN EDÉN EDÉN de las relaciones amorosas truncas que se suspenden en el tiempo en espera de una definición que no llega porque el reloj avanza.
5-Mi hija, por ejemplo, me llevaría a bailar, me esperaría afuera, me preguntaría si llevo los documentos, me diría “que te abran la Coca –Cola adelante, ¿eh?” y seguramente en la entrada del boliche el Patovica me deje afuera porque mi documento acusa 50 años… “Nena, si vas a falsificar, poné una fecha de nacimiento razonable”.
4-En la Primaria podríamos jactarnos de nuestras conquistas amorosas, seríamos expertos (algunos) en el arte amatorio y seguramente la Directora nos haría firmar el libro de disciplina por conducta inadecuada y terminaríamos quemándonos el cerebro en algún consultorio psicopedagógico por “estimulación temprana”, además (y como ahora a los chicos inquietos o rompequinotos se los llama “De atención dispersa”) estaríamos en el Gabinete del colegio cada dos por tres… total no necesitamos aprender nada, hasta que le recomienden a nuestros hijos que debemos repetir de grado porque no estamos maduros para afrontar el curso siguiente.
3-Llegaríamos al Jardín de Infantes con estudios universitarios completos y seguramente nos tildarían de niños genios y nos tendrían de conferencia en conferencia hasta que desapareciéramos.
2-No se notarían los estragos de la vejez porque, en definitiva, el final es parecido al principio y diríamos y haríamos las mismas boludeces que decíamos y hacíamos cuando teníamos tres años.
1-Por fin, la sentencia bíblica: “del polvo vienes y en polvo terminarás” sería cierta…
(Me está gustando un poco más la película ahora)
Podría seguir pero no quiero abusarme de su atención en esta primera entrega del año, así que los voy a dejar con algunas preguntas (empecé con muchos interrogantes y ahora se los dejo a ustedes)
¿Mirarían otra vez para ese lado el día que conocieron el amor? ¿Esperarían toda esa hora y media en el bar de la esquina de la Facultad? ¿Caminarían apuradas por los pasillos sin ver al de anteojitos que nos contemplaba embobado y que unos años más tarde nos puso a parir sólo con la mirada? ¿Volverían a decirle al pobre nabo que nos esperó cinco años: “No me quiero casar, che”? ¿Se cruzarían otra vez con esos amigos que se olvidaron de nosotros justo justo cuando necesitábamos eso: un amigo, o se esconderían detrás del sillón antes de ser vistos? ¿Perdonarían por tercera vez? ¿Guardarían las fotos con mucha historia en el doble fondo del cajón del escritorio? ¿Le darían bola a mamá cuando nos decía “Es un enfermo, largalo”? ¿Qué noche olvidarían y cuál volverían a repetir una y mil veces? ¿Qué palabras no dirían? ¿Cuáles volverían a gritar?
En fin, ir hacia atrás ir hacia atrás hacia atrás atrás ...
¡¡¡HASTA LA SEMANA QUE VIENE ENEIV EUQ ANAMES AL ATSAH!!!
A prestar atención… SI NO, LES CUENTO EL CUENTO DE LA BUENA PIPA COMO HICE TOOOOOOOOOODO EL AÑO.
Como en un Río Salvaje o un Río Místico, El juego de las lágrimas de éste, El año que vivimos en peligro, me enseñó que El día después de mañana, La hija de un soldado nunca llora, ni siquiera después de sobrevivir a La Gran estafa de Los otros.
Esa vez el Instinto no me ayudó y ni siquiera Una mente brillante como la mía vio venir a La jauría humana y pasé gran parte del que podría haber sido Un buen año, tratando de controlar la Epidemia, el Virus fatal de La mala educación.
Fue Una historia simple que El lado oscuro de la justicia permitió: Recibí La llamada En compañía del miedo y Dicen por ahí que Cuando un extraño llama, es porque prepara Un crimen perfecto. Los sospechosos de siempre, bajo La ley del hampa, me arreglaron Una cita con el diablo que Rápido y furioso me hizo entrar en La habitación del pánico para hacerme caer en La red y a diferencia de El gran pez, quedé Sin salida con El coleccionista de huesos que había ideado El plan perfecto para dejarme A quemarropa En la mira del enemigo.
Las Revelaciones no se dan en 48 horas, ni siquiera en Otras 48 horas, por eso, llegada al Punto límite, ni el Zodíaco me previno de las Horas desesperadas que Todos los hombres del presidente me harían vivir en Cabo de miedo. Tuve la Sospecha mortal pero quedé Fuego contra fuego En la sombra de una duda buscando el Pecado original que me había llevado a El núcleo del Infierno en la torre.
Así pasaron Las horas; como el Insomne en Seattle, como La joven reina que era, quise Volver al Futuro I, II y hasta III veces; hasta que, de pronto, el Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, el Sol naciente, me demostró Quién es esa chica que llevo adentro. Me asomé a La ventana Indiscreta, vi El resplandor, miré El mundo según Wayne, escuché los Tacones lejanos de La reina del ajedrez y asumí que Mi vida sin mí, no era nada y que La mirada de los otros me importaba un bledo.
Como Los profesionales, decidí contar La más grande historia jamás contada, pero no dije Ni una palabra y me dediqué a custodiar Lo que el agua nos dejó.
Después de todo, La vida es bella, El señor de los anillos yace en las ruinas de Mordor y ya no anda por ahí Robando vidas, El fin de los tiempos fue una amenaza que El hombre de la máscara de hierro no pudo cumplir, Las furias se aplacaron y La noche del cazador terminó por El color del dinero.
A todos nos llega un Día de la independencia, no sin antes pasar por un Día de entrenamiento. Entendí que los Milagros inesperados estaban a la vuelta de casa esperándote Mientras dormías y decidí que Un paseo por las Nubes me vendría fantástico mientras saboreaba unos exquisitos Tomates verdes fritos que me había hecho mamá.
¡¡¡Showtime, negrita!!! ¡¡¡Sos una Million dollar baby!!! Me gritaban los Rebeldes con causa. “¡El centinela no conoce El sabor del miedo!”, “¡No sos vos, soy yo!” (de esto último todos estamos convencidos)
Mamma mia! Cómo me inflaron el ego en este Día final del 2008 y lo quiero terminar con El gran truco que encontré escrito en la Agenda secreta de este año:
¡AUNQUE PAREZCA UNA MISIÓN IMPOSIBLE, LAS BRUJAS DE SALEM, VIVEN!
Después de todo si Batman inicia y Batman vuelve; si Superman retorna; si Spiderman sigue trepándose a las paredes y los 4 fantásticos almuerzan con La mujer Maravilla, tranquilamente puedo decir que yo…SOY LEYENDA.
¡¡¡Buena vida y buen año, amigos!!! Nos vemos en el 2009.
Todos aquellos que nos hayamos recibido de insomnes con honores y tengamos el vicio del control remoto y TV por cable (obviamente), sabemos que las mejores series para chicos, están después de las 12 de la noche. Sí, parece cuento, pero después de la medianoche, empieza lo bueno en Nickelodeon por ejemplo y series como Mi bella Genio o Hechizada están a la orden del día en todas sus temporadas.
Ni el cine ni la literatura han sido ajenos al glamour de una bruja. Por eso podemos encontrarnos con un amplio repertorio de brujas en la pantalla grande, en la chica y en los libros. ¿Quién no recuerda a Proctor cautivado por Wynona Rider en la versión fílmica de Las brujas de Salem, o a la fantástica Susan Sarandon compitiendo con otras dos por el amor de Jack Nicholson en Las brujas de Eastwick o a Sandra Bullock y a Nicole Kidman matando una y otra vez al bonito Dr. Luka de ER Emergencias en Hechizo de amor (título pedorro si los hay), o a Angélica Huston convirtiendo en ratones a los chicos de New York en la convención anual de brujas? No conozco a nadie a quien no le caiga simpática la Profesora Mc Gonagald de Harry Potter y tampoco sé de alguien que no haya intentado mover la nariz como Hechizada cuando la razón se negaba a comprender que lo que nos estaba haciendo el jefe de turno, era VERDAD. Hubiera aplaudido a Endora cuando ponía a parir al nabo de Darryn. Habría dado, como Ricardo III, mi reino por el lomo de Nicole Kidman bajando del techo con medias rayadas.
¿Quién no quería que las brujas maltrataran a Macbeth con mensajes encriptados que una rata traicionera como él, jamás habría podido comprender? ¿Conocen a alguien que no haya querido alguna vez comerse crudo a alguien, como en los magistrales guisos de Medea? ¿No han querido en algún momento aciago dar un banquete al estilo Circe? ¿Es preciso aclarar que en reiteradas oportunidades hemos necesitado hilar nuestra propia existencia y los hilos se nos cortaron justo cuando la empezábamos a pasar fenómeno como Cloto, Láquesis y Átropos, las Moiras de la mitología?
Si alguna vez se sintieron así, amigas de la Cofradía (con el aval del cine y la literatura) les comunico que son brujas…
¡QUÉ LA GRAN HÉCATE SEA CON USTEDES, OH DILECTAS AMIGAS DEL ESTRÓGENO!
La versión que el cine hizo de Hechizada es patética a mi gusto, pero verla repetida en Fox, 854 veces, me llevó a pensar en los distintos modelos de brujas, clasificables a partir de criterios tan dispares como la edad, la época, el porte, el chàrme, la irrevocabilidad de sus hechizos, su simpatía (no es mi caso) y su esencia. Por eso decidimos en la Cofradía hacer un catálogo de brujas que nos sirviera para reconocerlas, para tenerles respeto, para desenmascararlas si son falsas y para aplaudirlas de pie cuando correspondiera.
Como primera gran afirmación, debemos decir que hay brujas verdaderas y brujas de cotillón (de ésas que se destiñen cuando soplamos las velitas) así que este catálogo se va a ocupar de ambas:
Y podríamos seguir así hasta el infinito y más allá, porque todos conocemos suegras brujas, novias brujas, madres brujas, hijas brujas, etc., etc., etc.
Si piensan que sólo el cine o la literatura han sabido crear estos magistrales a veces y patéticos otro tanto, estereotipos de bruja, están muy equivocados. Les paso un par de datos: las brujas nunca andan en números pares, van de a tres o de a cinco, con siete ya tenemos un número interesante; han sido quemadas, marginadas y aisladas por portación de estrógenos pero están vivitas y coleando; NUNCA abandonan a otras brujas, y SIEMPRE son mujeres fuertes.
Quien haya estado en la sala de espera del consultorio de algún ginecólogo o de la depiladora, ya ha estado en un aquelarre. Por eso, amigas, a pensar bien qué tipo de brujas somos y seguir creyendo que, a veces, (sólo a veces) basta con mover simpáticamente la nariz para solucionar los problemas o deshacerse de algún imbécil que quiera redimirnos.
He vuelto, amigas de la Cofradía, nos vemos la semana que viene.